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¿Eres "alguien" o "nadie"? por: Enrique Martínez Lozano

6/22/2013

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No es fácil distinguir, en los textos evangélicos, lo que provendría directamente de Jesús y lo que es elaboración posterior de la comunidad o del propio autor del evangelio.

En un cierto sentido, tampoco resulta "decisivo", por cuanto el valor de la "palabra sagrada" radica en los "ecos" o resonancias que despierta en el lector. Cuando, gracias al "diálogo" entre texto y lector, salta la "chispa" que anima a vivir y a salir del propio ego, eso es la "inspiración".

Y la palabra que produce tal efecto, es "palabra de Dios", venga de donde venga. Dicho de otro modo: Un texto es "sagrado" porque nos ayuda a vivir "sagradamente" (espiritualmente), es decir, nos ayuda a vivir el compromiso, la desapropiación y el silenciamiento (del ego): eso es vivir en plenitud.

Sin embargo, en otro sentido, siempre que sea posible, ayuda distinguir entre lo que sería propio de Jesús y las lecturas posteriores de la comunidad, para recuperar la novedad y el frescor de las palabras del maestro.

Con respecto al texto que leemos hoy, es probable que, en algún momento, Jesús hiciera esa pregunta a sus discípulos. Pero, sin duda, la tradición "rehizo" aquella situación, transformándola en una catequesis sobre el mesianismo del Maestro.

Para el lector actual, pueden seguir resonando la pregunta y la conclusión del relato.

"¿Quién dices que soy yo?". ¿Quién es Jesús para mí? En la respuesta a esa pregunta influirán, inevitablemente, distintos factores de tipo psicológico, cultural, religioso... Entre ellos, ocupará un lugar destacado el nivel de consciencia de la persona y el "idioma" en el que se mueva.

La respuesta que brota en mi interior, al oír esa pregunta, no es distinta al saludo utilizado en diferentes culturas: "Tú eres otro yo". En la perspectiva no-dual, Jesús es espejo que refleja lo que somos todos. Al verlo a él, nos vemos a nosotros mismos, porque los diferentes rostros son, en realidad, un solo Rostro.

Y, tal como lo veo, a esto apuntan precisamente las palabras de Jesús con las que concluye el relato: "El que quiera salvar su ego, pierde la vida; pero el que pierde su ego, salva la vida". Lógicamente, la comunidad tuvo que añadir el "por mi causa", para subrayar su unidad en torno al seguimiento del Maestro.

Pero las palabras de Jesús no pueden ser más sabias: el único "pecado" de los humanos es creer que somos "alguien"; es decir, identificarnos con el yo o ego. Esa identificación nos hace "olvidar" nuestra verdadera identidad, a la vez que nos mantiene dentro de la cárcel de la confusión y del sufrimiento. No hay escapatoria: creerse "alguien" es sinónimo de sufrimiento.

La lógica del ego se basa en la adoración a uno mismo y se manifiesta como deseo de sentirse o llegar a ser "especial".

Si yo creo que soy "alguien" (un ego separado), me preocuparé por proteger a ese "alguien", sufriré cuando ese "alguien" se vea frustrado en sus expectativas, viviré a merced de las etiquetas ("me gusta" / "no me gusta"), y me tomaré las cosas "personalmente", porque la supervivencia, la imagen o el interés de "alguien" está en juego. Mientras no trascendamos esa necesidad de ser "alguien" –de identificarnos con el yo-, todos nuestros logros pertenecerán al ego.

Invertimos aquella lógica del ego haciendo que los demás sean el centro de nuestra preocupación. Ellos serán los que nos liberen de nuestra "importancia personal".

Con todo, una vez más, el problema de raíz es creer ser "alguien". Porque solo quien descubre ser "nadie", puede caer en la cuenta de que es Todo. "Alguien" siempre sufrirá; "nadie" es feliz.

¿Qué puede ayudarnos a desidentificarnos del yo y salir de la ilusoria creencia –porque es solo una creencia- de ser "alguien"? Ejercitarnos en situarnos en el Testigo, que observatodos los movimientos mentales y emocionales que aparecen en nuestro campo de consciencia, sin identificarse con ellos.

No tengo duda de que Jesús sabía de lo que hablaba por experiencia propia. Por eso, él no se creía "alguien", sino "Yo Soy", sin apropiación egoica.

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